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20 mayo, 2008

Y bajo presión...

Dos entradas en 1 día, hell yeah!

Cuando estoy bajo presión, me pasan cosas, algunas raras. Es muy típico que mi mente funcione con mayor dificultad, vivo cansada pero no con sueño, me vienen ideas e impulsos de hacer otras cosas (no los deberes que me tienen al borde del colapso), me como las uñas, etc.
Pero el desorden más importante en mi comportamiento, es el alimenticio.
Acá no hay nada que ocultar. Soy buena para comer. Me gusta comer, disfruto comiendo, sin remordimientos y mi extasis es a la hora de almuerzo porque como grandísimas cantidades. Bueh, mañana tengo un parcial. La facultad me stresa de sobremanera (y eso que ahora estoy bastante más relajada!) y al andar nerviosa, dejo de comer. Odio no comer. Lo necesito, sé que lo necesito, pero vivo con ganas de vomitar.
Hay una variante del "asco nervioso", que son antojos exóticos, por llamarlos de alguna forma. El otro día me comí un limón con azúcar. Pero no el juguito del limón, ¡Todo el Limón!, como si fuera una naranja, le saqué la cáscara y con azucar... mmm! Me sentía feliz con eso... Luego me sentía desquiciada.
Hace unos instantes me comí un tomate. Lo corté en rodajas (con cáscara) y le puse un poco de sal. Había pure... pero lo probé y no me gustó. Luego por alguna extraña razón (probablemente mi mente), comí un poco de puré con el cuchillo con el cual corté el tomate... wow! el puré estaba exquisito :D.
Aveces en las tardes me da por tomar café y cuando me queda un cuarto de taza aprox, le adiciono avena instantánea. Café con Quaker. Rico.
Bajo presión solamente.

1 comentario:

Unknown dijo...

En el verano del 99 (imagíneseme sentado en un sillón, medio ciego, salpicando baba, acento desdentado, pelo cano y avanzada alopecia, mantita cuadrishé, todo para poder dar cabal curso a la aseveración: en el verano del 99), yo desayunaba avena con leche con ultrachocolate. Lo cual no es tan raro, salvo que se considere que yo me comía medio kilo de avena y un litro de leche, en el span que separa las 10 de la mañana y las una de la tarde, condimentando tan sabrosa e hiperbólica mezcla con un fanfic de Evangelion (oh my god, reluce el pasado ñoño) que muy intrigado me tenía por el tiempo.
Creció mi panza, mi dominio por el inglés, y logré terminar el viejo romance que arrastraba en forma tórrida desde mi niñez con el dichoso cereal de blancas y delicadas hojuelillas.

He Dicho.