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27 julio, 2014

La cibervida

Ayer pensé en cómo era tu risa
y el recuerdo me arrojó 404.

La trato de emular,
propiedades,
¿contagiosa?, ¿viral?,
como un estruendo,
como revienta la ola del mar.

Me quedan otros resultados,
imágenes de tu cabello,
una noche igual de oscura,
tu cara de confusión
y una música que se va...
De flac pasó a midi.
¡Cuánta pérdida de calidad!

Quizás tengo bloqueados
todos esos recuerdos
y no tengo el valor
para usar proxy.

Quizás no están a mano
todos esos recuerdos
y tengo que buscarlos
en la deep web.

Aparecerán otros resultados,
imágenes de tu ausencia,
un what if igual de inexistente,
tu cara de cólera,
un grito que vuelve...
De gif pasó a webm.
¡Qué ganas de humillar!

Me trato de calmar,
sentimientos,
¿culposos?, ¿llorar?,
como un repiqueteo,
como llovizna primaveral.

Hoy pensé en cómo era tu risa
y el escribir me arrojó 500.

23 septiembre, 2012

Con-tinuando

Continuación de  A veces pienso cosas y me creo grosa por eso, luego las escribo. Fin.

 

 Luego llegó otro día, siempre llegan otros días, que estaba sin él. No sé quién se aburrió primero, pero yo me entretuve antes seguro, con otro, claro, y la cosa no podía seguir así.
Agarré un par de cosas y me tomé el subte, cuando escapo me gusta que hayan expectadores, es más de película, por lo tanto menos real y menos doloroso. Sí, muchas veces hago escenas para disminuir el dolor de la realidad. El subte y mis pies me llevaron a la casa de unos amigos, si es que a eso se le puede llamar "casa" -por suerte si puedo llamarlos amigos- ahí derramé lágrimas en sus consuelos y en su suelo mientras las cámaras seguían grabando, poco después desmontaron el set. ¿Qué hago cuando no soy una actriz? No sé, modo automático, rutina, nada interesante, creo. No me gusta verlo, mis ojos son pantallas, sólo el show pasa por ellos. Mi boca y mi nariz, sin embargo, quedan conectados a la realidad, me cuentan cosas, como que seguí comiendo y que probé otros labios, que ya era primavera y que un perfume masculino anunciaba una nueva temporada de mi estelar. Me dejé llevar por la ansiedad y sonreía porque sí, iba a llegar pronto otro día con una nueva historia.

10 mayo, 2012

A veces pienso cosas y me creo grosa por eso, luego las escribo. Fin.

Tenía eso, el título de la entrada, antes como descripción del blog. Es que quería agregar algo, quería que Inflexionando creciera más, pero me daba algo raro dentro mutar tanto este blog, que su objetivo se vuelva difuso antes de alcanzarlo.
No recuerdo haber puesto cuentitos o poemas acá, quizás si, pero no, no me acuerdo. Entonces cuando quise hacerlo intenté de escribir en mi tumblr, fallando épicamente.

Al final en el único lugar donde me siento cómoda escribiendo públicamente es acá. Y bueno, voy a solucionar mi error anterior pasando las cositas que hay en "filysofia", mi tumblr, para acá. Por ahora esto:

“Recuerdos húmedos”
Un día, al fin, me dijo que sí y nos fuimos de viaje a la playa. Esperábamos calor y sol para usar poca ropa pero estaba muy nublado, él se enfurruñó y no quiso salir de la habitación. Yo me puse triste ¿por qué las nubes jodían justo cuando aceptó? pero la verdad a mi me gustaba este clima, entonces agarré mis cosas y salí con la ilusión de mojarme los pies en el agua fria.
No reuerdo nada más del viaje por ahora, seguro no importa, sólo hay nubes, el mar frio y el aire húmedo-salado… la sensación que ese día el ciclo del agua y yo fuimos uno sólo. Llamémosle “recuerdos húmedos” para hacerlo más interesante.


Cuando lo escribí creía que era coherente.
¿Y si rompo la capilaridad del espejismo en tu pupila? Entonces yo aumento mi frecuencia, las ondas largas y por un momento ya no existo más. Para eso convertir mi voz en cuchilla y mi boca en volcán porque si no tendré que soportar el aluvión, tormenta con su perfume a culpa. Soportar o hacer lo mejor para mí. Y nosotros.


Su-pérdida.

Un par de días después me enfermé. Supongo que apropósito, quería que las últimas horas se repitieran por siempre hasta que perdieran el sentido que les había encontrado mientras me lavaba las manos. No podía, ni quería, salir de la cama ni dejar de recibir su atención. 
Ahí afiebrada me aburría, él no podía pasar todo el día conmigo, si no estaba él ¿para qué me iba a quedar en su cama? Todo lo que era su perdía sentido si él no estaba, todas sus cosas, todas sus palabras, su olor y hasta su yo. Es decir, yo. ¿Aun me soy?
Paso corriendo, ahuyentando a los segundos, pero vuelven como palomas hambrientas. Paso corriendo con fiebre, paso corriendo para enfermarme más y llamar tu atención.
¿Para qué llamar tu atención ahora si no estás?